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Narrar desde la herida: escribir para transformar.

  • hace 5 días
  • 3 Min. de lectura
Roxanna Guarneros, Débora Hadaza , Kennya García y Patricia Valdés en el Museo del Chopo en CDMX.
Roxanna Guarneros, Débora Hadaza , Kennya García y Patricia Valdés en el Museo del Chopo en CDMX.

En el marco de la Feria del Libro y la Rosa 2026, organizada por la UNAM en la sede del Museo del Chopo,  tres autoras de REVONTULI Editorial se reunieron en una mesa de diálogo donde, desde sus distintos registros, emergió un mismo impulso: narrar desde la herida.


Pero, ¿qué significa realmente escribir desde ahí?


Los seres humanos atravesamos duelos de forma constante. No solo cuando perdemos a un ser amado, sino también cuando dejamos atrás versiones de nosotros mismos, cuando un sueño se transforma o cuando el cuerpo ya no responde como antes. El duelo es parte de nuestra naturaleza: implica ruptura, pero también transformación, aprendizaje y crecimiento.


Desde la psicología, se habla de etapas —negación, ira, negociación, depresión, aceptación—, pero más allá de cualquier esquema, hay algo esencial: sentir, identificar, nombrar y procesar. Nombrar lo que duele es el primer acto de resistencia. Porque si no podemos decirlo, no podemos comprenderlo; y si no lo comprendemos, difícilmente podremos transformarlo. Ahí es donde la palabra cobra un poder radical.


Narrar desde la herida es, en ese sentido, un gesto profundamente humano. Es escribir sin filtros impuestos, sin la necesidad de embellecer lo que duele, sin responder a una estética que privilegia la apariencia sobre la verdad.

Es mostrarse con lo que incomoda, con lo que atraviesa, con lo que todavía no tiene forma del todo clara. Puede surgir desde la experiencia íntima o desde una catarsis colectiva; puede tomar la forma del testimonio o de la ficción. Lo importante es la honestidad del impulso.

Las obras que acompañaron nuestra mesa encarnan esta búsqueda desde distintos lugares:


En Hysterias de memoria, pulsión y olvido, de Débora Hadaza, el horror se convierte en un lenguaje para explorar la violencia. Cada cuento abre una grieta donde lo íntimo y lo social se entrelazan, mostrando que la herida no es solo individual, sino también estructural. Aquí, narrar desde la herida es confrontar aquello que muchas veces se silencia, es mirar de frente lo perturbador para no permitir que permanezca oculto.


Por su parte, La marea lleva tu nombre, de Patricia Valdés, se sitúa en el territorio del duelo por la pérdida de un ser amado. A través de una escritura testimonial y contenida, la autora nos guía por las olas de la ausencia: el vacío, la memoria, la reconstrucción. En este caso, narrar desde la herida es un acto de amor y de permanencia, una forma de sostener lo que ya no está desde la palabra.


Finalmente, Amar amándonos, de Kennya García, propone una mirada hacia el interior: una exploración sobre el amor propio y el buen vivir. Aquí la herida no solo se expone, sino que también se acompaña. La escritura se convierte en una herramienta de reflexión y cuidado, en un espacio donde es posible reconstruirse. Narrar desde la herida, en este caso, es también abrir la posibilidad de sanar.

Hysterias de memoria
Descubre más de la obra
La marea lleva tu nombre
Descubre más de la obra
Amar amándonos
Descubre más de la obra

Estas tres obras nos recuerdan que la escritura no es solo un ejercicio estético, sino una práctica vital. Que en un mundo que constantemente nos empuja a ocultar lo incómodo, elegir la honestidad es un acto político. Y que, al compartir nuestras heridas, generamos puentes: nos reconocemos en el otro, nos acompañamos, nos hacemos comunidad.


Narrar desde la herida no busca romantizar el dolor, sino darle un lugar, un lenguaje, una posibilidad de transformación. Porque lo que se nombra no desaparece, pero sí puede empezar a cambiar de forma.


¿Qué herida estás listo para nombrar hoy? - Te leemos en los comentarios.


 
 
 

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